Solemnidad de San Jerónimo Emiliani 8 de febrero de 2007
Queridos hermanos en Cristo:
La solemnidad anual del tránsito de nuestro fundador a la gloria inmortal no puede limitarse a la mera conmemoración de un grato recuerdo, sino que ha de sacar de ello nuevo arrojo, razones impelentes que renueven el vigor de nuestra vida consagrada somasca. Meditando las palabras pronunciadas por el Santo en punto de muerte he podido percibir algunas líneas maestras apasionantes, indispensables para la renovación y revitalización, capaces de dar un nuevo impulso a nuestra Congregación y librarla del bloqueo de pesadas y fútiles evocaciones. Tras ellas se esconde, sin duda, ese evangelio grano de mostaza (cfr. Mt. 13, 31-32) rebosante de vitalidad, que no se pudre con el paso del tiempo. La límpida declaración: “He ajustado mis pactos con Cristo” evoca en mi la intransigente coherencia y profundo realismo con que Jerónimo pone en práctica el Evangelio de Cristo: una palabra leída, releída, meditada, que ha calado interiormente; como si quisiera recuperar los muchos años en que ha ignorado y hasta traicionado. Desde que recibe la iluminación de la gracia, Jerónimo asume la actitud de un niño, de un pobre principiante. Y de ella fuerza para adentrarse por un camino de libertad y de frescura y radicalidad en cuanto a él y es a cuanto hace. ¡Su “pactos con Cristo”! Algunos de sus contemporáneos se escandalizaron al verlo vestido con un mísero hábito de pobre entre los pobres.
Mientras se ensucia las manos trabajando con los muchachos de calle, sigue nutriéndose del evangelio y en él halla siempre nuevos y mas profundos motivos para una entrega de si que lo incita a gastar su vida, a imitación de Cristo. ¿Quién de nosotros no siente una santa envidia al oírle hablar, en punto de muerte, de la certeza de hallarse ya en el umbral de la beatitud infinita? ¿Cómo no envidiar su serenidad y su paz? Superando un justa manera integral. Pues cuando se da cuenta de que ha llegado para él el momento dispuesto por el inescrutable plan provincial, no se pregunta adónde irá aparar, ni cómo terminará esa obra de misericordia suya, que apenas ha iniciado. Jerónimo tiene ya la certeza de que Dios sabe, ve y le abre un nuevo camino. Y obedece a la invitación de cruzar a la otra orilla, y marcha hacia una tierra desconocida, un mundo nuevo del que únicamente ha oído hablar. Y ya no se asombra ni se sorprende por nada. Ni pregunta, está seguro de que Dios lo está esperando.Y tampoco le importa que lo crucifiquen las complicadas intrigas políticas y religiosas contremporáneas. Sufre y se angustia ante el enfrentamiento que desencadena la reforma luterana, que quiere borrar el pasado y la respetabilidad de muchos ambientes, católicos por nombre y tradición, aunque agarrados a las comodidades que aquel pasado ofrece, intoxicados por el poder y corrompidos por la hipocresía.
La advertencia que Cristo hace a aquellos oyentes entendidos intérpretes de los fenómenos atmosféricos pero incapaces de leer los signos de los tiempos, resuenan con fuerza en su conciencia. Por eso en lugar de encerrarse en sí mismo y refugiarse en los recuerdos del pasado, opta por lanzarse al seguimiento de Cristo que en él se convierte en un espectáculo de valor, santidad intrepidez y creatividad, enfrentándose valientemente con un futuro. Se niega a amolarse a una inercia tolerante y rehuye las estructuras que son incapaces de interpretar los tiempos nuevos y de abrirse, por tanto, a la novedad de Dios. Hasta en su último suspiro, conseguirá que todos “queden seducidos, inebriantes de amor por Cristo”. ¿No os parece, querido hermanos, que también nosotros tenemos que interpretar este tiempo nuestro como nuestra hora, la hora de nuestra plena iluminación vocacional, que nos urge a testimoniar nuestra pertenencia a Cristo de un modo heróico y con un amor pleno? ¿No os parece que llegó el momento de pasarnos con decisión a la primera línea y de recuperar ese apasionante “se hizo todo para todos”, del que san Jerónimo es un esclarecido ejemplo? Él lo consiguió porque, obedeciendo al Espíritu, se liberó del viejo yo una personalidad pesimista y criticona y eligió la actividad impetuosa y audaz que reclama su época. ¡Y que es aún mucho más necesaria en la nuestra!
Todos nosotros, Somascos, seamos sacerdotes y hermanos, colaboradores laicos, voluntarios y amigos de las obras, estamos llamados a reproducir con mismo valor, la sanidad, la intrépida creatividad de nuestro Santo. Estamos llamados a liberarnos de un pasado, para acudir confiados a las fronteras, hacia la novedad de vida y acción que necesita el mundo. Nada importa si el futuro nos es desconocido. Lo que cuenta es que nosotros, dejándonos abrasar por el fuego de Espíritu Santo, recorrimos los campos del mundo sembrando por doquier el profundo testimonio de unos dignos hijos de San Jerónimo, dispuestos y decididos para ver los resultados. Queridos hermanos, removiendo las varias capas con que le la costumbre y la superficialidad ha ocultado hasta olvidarlas, las únicas palabras del Santo, veo irrumpir, en todo su esplendor, ese que es auténtico testamento espiritual, del que brota la mística somasca. En él percibo su aventura personal proyectada en múltiples retos actuales: nuestra vida consagrada personal y la de Congregación no pueden ignorarlo. No me parece que esté cayendo en optimismos ingenuos al afirmar que también nosotros podríamos “tocar el paraíso con los dedos”, si únicamte deseáramos y nos esforzáramos por reflorecer en cada uno de nosotros, en comunidades y obras de Italia, del todo el mundo, esa opción valiente de San Jerónimo de aferrarse con confianza a Jesús Crucificado, que fue su inequívoca estrella polar. Me lo he preguntado a mí mismo; y ahora os lo pregunto a nosotros: ¿Estamos dispuestos a renunciar a nuestro estado clerical, dedicarnos a la Iglesia, que invita a volver a la inspiración originaria del Instituto, para llamarnos y actuar sencilla y únicamente como Servidores de los pobres de Cristo? ¿Estamos preparados para “ajustar nuestros pactos con Cristo”, fuente segura de la que brota confianza. Bondad, Generoicidad, como lo prueba las primeras comunidades apostólicas, en la que se inspiró San Jerónimo para formar su comunidad? Ahora ya no estamos solos. El sueño de unificar fuerzas por medio de alianza estratégica con el género femenino de las consagraciones que hacen referencia a san Jerónimo, esta fase de realización. A eso hay que la puesta en marcha del tan deseado y necesario plan extraordinario nación permanente la Curia general.
Estas dos iniciativas tendrán mismo justo en el año en que conmemoramos el 470 aniversario de su notable tránsito, nada más concluir la celebración de la consulta orinaría Consagración, que fijara con mayor precisión las peculiaridades y atenidos de ambas. Con la mirada puesta en estos acontecimientos, os pido a todos , que pidamos a la Madre que nos obtenga del Espíritu Santo un fiel perseverancia en seguir mas cerca de nuestro señor, el dulcísimo Jesús Crucificado. De otro modo mejor de guardar, cultivar interiormente y poner en las últimas y precisas exhortaciones de nuestro amadísimo Padre, Jerónimo Miani.
Padre Roberto Bolis
