En el año 2003 visitamos la diócesis de Beira. Aquí, un misionero comboniano, P. Ottorino Poletto, encargado por el Obispo local de revitalizar cuatro misiones destruidas a causa de la revolución y la guerra civil, nos ofreció colaborar con el proyecto ESMABAMA, asumiendo la responsabilidad de una de éstas: San Antonio de Barada, ya en funcionamiento. Nos pareció que podía ser una ocasión providencial para una primera presencia en estas tierras y convinimos en dar inicio a una experiencia “guiada”, colaborando codo a codo con los Combonianos. Tras un período de formación misionera y lingüística (portugués) en Madrid y Lisboa, dos religiosos somascos, P. Jesús V. Varela y P. Juan M. Monzón, pusieron pie en África y se encontraron con una escuela de 1700 alumnos, un internado de 600, un centro de salud y una explotación agropecuaria dedicada especialmente al cultivo del coco y a la ganadería. Todo esto en fase de asentamiento y con instalaciones precarias. Además, se nos encomendaba la parroquia y sus diecinueve comunidades... Nos parecía demasiado; además, nos preocupaba el riesgo para la salud y la dificultad para las comunicaciones. Fue pasando el tiempo y fuimos entreviendo otras realidades y otras posibilidades, que nos infundían valor y nos daban confianza.
Veíamos ir y venir a multitud de niños, curiosos ante nuestra presencia, que caminaban entre 10 y 20 kilómetros para asistir a la escuela; niños prematuramente responsables de sus hermanos más pequeños y del trabajo de casa, por enfermedad o ausencia de sus padres (alrededor de un 10% de ellos son huérfanos por culpa del sida).
Convivíamos con jóvenes tranquilos, lozanos, cordiales; jóvenes que nos sorprendían por el gusto y la naturalidad con que jugaban, rezaban, conversaban, se lavaban la ropa, cocinaban o colaboraban en los trabajos del campo; jóvenes que se preparaban ilusionados para recibir el bautismo o que se planteaban su vocación y estaban dispuestos a compartir nuestra vida.
Veíamos muchas madres con los niños a la espalda que acudían al centro de salud para revisiones y vacunas; y con pena a numerosos enfermos que con inmensa paciencia esperaban a la puerta para poder ser atendidos por el enfermero o que pasaban la noche fuera, al aire libre, aguardando una cama vacía; veíamos a los más graves que eran atendidos por algún familiar con los escasos medios de que disponían.
También veíamos a la población en la iglesia parroquial y en las comunidades; con ellos celebrábamos la Eucaristía: una fiesta, en la que la música, la danza, la comida compartida... todo invitaba a la fe y era expresión de ella. No entendíamos su lengua (el portugués lo hablan sólo quienes han ido a la escuela), pero entendíamos sus sentimientos. Cuerpos rotos por la fatiga y las dolencias (este año, a causa de la sequía, muchísimas familias padecen hambre), viviendo en una extrema pobreza.
Después de varios meses de experiencia llegó la hora de tomar una decisión definitiva: hablamos, pues, con el Sr. Arzobispo, D. Jaime Pedro Gonçalves, que nos mostraba su creciente aprecio, y decidimos asumir el reto.
Y así, el 8 de diciembre de 2004, día de la Inmaculada, empezaba para nosotros la Misión.
B

 

 

 

Paternidad” es la palabra que mejor condensa la experiencia carismática de San Jerónimo Emiliani, fundador de los Padres Somascos.
Huérfano desde los 10 años, tras una juventud desordenada e insustancial, vive una experiencia fuerte de conversión bajo el signo
de la Virgen.
Angustiado por el peso de sus pecados, a los pies de
Cristo Crucificado descubre el amor paternal y misericordioso de Dios. Su entrega a los huérfanos -con los cuales quiso “vivir y morir”- lo convierten en el mejor testigo de esa paternidad.


Siguiendo el ejemplo de S. Jerónimo Emiliani, los Padres Somascos nos dedicamos principalmente a servir a los pobres y a la juventud, y de ésta, nuestra predilección va para cuantos viven en condiciones de abandono y desamparo. Esta es la razón por la cual, en las distintas partes del mundo por donde estamos repartidos (18 países de los cinco continentes), hemos ido asumiendo múltiples tareas: asistencial, educativa, de prevención, de promoción humana y cristiana... dando siempre la preferencia a los más pequeños y a los jóvenes.