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Una imagen
: el ratón y el doble clic que se hace pulsando el botón izquierdo. A veces la relación con nuestra vida es un poco así: existen experiencias propias, modos personales de hacer que permanecen como ciertos iconos en un ángulo de la pantalla del ordenador. Están allí, como en standby, y no sabemos que hay dentro o, si lo sabemos tememos el contenido o evitamos abrirlo. Pero es importante que de vez en cuando tengamos el coraje de llegar allí, sobre ese icono y clicas encima, para ver qué contiene, cómo funciona y, quizás, pararse a hacer un poco de orden...

 La paradoja de querer ser mayores volviéndose pequeños
  impresiones ante el inicio del colegio (
by R.F.)

Ha comenzado el nuevo año escolástico y he vuelto junto a mis alumnos. Nuevamente inmerso junto a ellos, a su euforia y a sus ansias me he dejado como impresionar de su deseo de llegar a ser mayores, de demostrar su autosuficiencia frente a sus padres y al mundo adulto. Y del otro lado me he encontrado con toda la tensión de los docentes y de los padres para que de una vez por todas se decidan a ser grandes y a demostrar ser adultos.  Pero ambas partes poseen dos conceptos de "ser mayores" que tienen acentos, es más, contenidos muy diversos. He intuido que debe haber una tercera vía, la de Jesús, que como siempre habría desmontado a todos. Y me he acordado del pasaje en el cual los discípulos discuten quién es el más grande y Jesús pone en medio de ellos a un niño (Lc 9,46-50 y Mt 18,1-5). Jesús les sbaraglia a todos con un principio absolutamente paradójico. Absolutamente paradójico  porque pone como camino para ser grande el ser pequeño, como única posibilidad de llegar a ser adultos el volver a ser niños.

Esto me gusta demasiado porque en el interior de la realidad del niño se esconde el secreto para llegar a ser y permanecer hombres, personas y cuando se pierden las características del niño se nos condena a la involución, a la regresión hacia la deshumanidad y a veces hacia la bestialidad.

Presento cuatro dimensiones que me parece subyacen a aquella que aparentemente es la ingenua figura del niño.

La dimensión de la confianza. El niño por su naturaleza no puede que fiarse de los otros, porque no conoce el mundo y tiene necesidad. Una vida sin confianza ya no es una vida porque sería imposible vivir, porque serían imposibles las relaciones. Sé que muchos adolescentes y jóvenes han perdido la confianza en el mundo, la confianza en los otros porque muchos se han encontrado a sufrir, porque se han fiado del primero que ha venido y a veces de aquel más cercano que nos tendría que haber querido más. La confianza no significa ingenuidad que se rinde... La confianza nace de algo profundo. Yo había perdido rápido la confianza y durante años he vivido en la desilusión sobre el hilo del cinismo. Y en cambio la confianza ha vuelto a renacer. ¿Por qué? Porque he recibido confianza, porque Alguien ha confiado en mí hasta tal punto de consentirme ser cura. ¿Verme cura? Pensando a como era, yo no. Se puede comenzar a tener confianza porque alguien tiene fe en nosotros, sí, porque Dios no pide que tengamos fe en Él sino que es Él quien tiene fe en nosotros, porque ve en profundidad aquello que somos, ve dentro  bozzolo e oltre il bruco que somos la mariposa que ansía volar. ¿Y si comenzáramos a tener esta mirada recíprocamente entre nosotros? 

La dimensión del sueño. Está muy relacionada con la dimensión de la confianza, es más, es una manifestación particular de aquella. La dimensión del sueño es la que nos abre a la vida, al deseo, al proyecto. Es la dimensión que nos hace pensar en grande, que nos hace apasionar, que nos hace apostar. Porque veréis, soñar no es fantasear. La frase más famosa sobre el sueño es la de Martín Luther King: “Tengo un sueño". Y él, aquel sueño de paz, fraternidad, de acogida y respeto de la diversidad lo ha pagado con su propia vida tras haber invertido todas sus energías. En general el sueño es siempre algo que implica un compromiso y sacrificio, que no se rinde ante las dificultades, que deja siempre abierta la puerta del futuro. Pero como afirmaba Helder Cámara: "Dichosos aquellos que sueñan porque correrán el dulce riesgo de ver sus sueños realizados. He tenído tantos sueños en mi vida, muchos me han demostrado mi ingenuidad, también los he pagado a caro precio pero verlos después realizados, no, eso no tiene precio. Cuando tienes a Dios como aliado, ¿puedes tener un sueño inalcanzable?     

La dimensión del juego. El niño pasa todo el día jugando, para él todo es juego. Pero atención. Para el niño el juego es algo tremendamente serio, es prácticamente un trabajo, su trabajo. Pone todas sus ganas, pasión, energía. Y sin embargo, cómo un juego lo mantiene en la ligereza y en la distensión, aunque tenga que cumplir reglas precisas para jugar, aunque sean férreas. Deberíamos vivir así nuestros compromisos y nuestro trabajo, nuestro estudio, con pasión, con implicación, capaces de permanecer dentro de las reglas pero con la distensión del juego. La manera de dar pasión y compromiso, manteniendo la distensión en el hacer las cosas, es el amor. Si uno hace las cosas por amor, éstas implican esfuerzos, cuestan, cansan, pero no pesan: así hace la madre con su hijo, así hace la novia con su amado, así podría ser cada uno de nosotros, por amor a sí mismo, a los otros, a la vida.   

La dimensión más tierna en torno al niño es la familia. Es la llegada del primer niño lo que transforma a la pareja en familia, que genera aquel calor, aquella atención, aquel clima de donación recíproca que todos nosotros deseamos y nos esperamos y que con frecuencia nos es negado. Tengo en la mente una imagen, una de las pocas que me quedan de lo que he vivido en mi primera infancia: estoy sentado sobre las rodillas de mi padre cuando todavía la enfermedad no lo había incupito. Estábamos frente a la chimenea con el fuego encendido, mi madre sentada allí al lado che lavorava a maglia mientras mi hermano hacía los deberes sobre la mesa. Papá me hacía saltar sobre sus rodillas mientras cantaba una nenia en sardo. En mis ojos permanece el sobreponerse de la sonrisa bigotuda de mi padre y el rojo luminoso del fuego al lado. En aquella chimenea resumo toda esta dimensión de caliente acogida que hace de las relaciones "casa", donde yo y los otros nos sentimos a nuestras anchas. ¿Por qué no nos acercamos los unos a los otros con este calor, siendo "casa", siendo "chimenea" con el otro que tengo delante? ¿Por qué no poder llegar a decir como los discípulos de Jesús después de reconocer en el forastero a su Maestro Resucitado: "No nos ardía el corazón mientras nos hablaba por el camino"? Sí, porque en realidad todos nosotros somos niños, hijos de un mismo Padre, aquel a quien todos, sin distinción de raza, religión, cultura podemos dirigirnos diciendo "Abbá, Papá, Padre nuestro...". 

Ser niños es una gran responsabilidad frente al mundo, porque sólo los "niños" harán un mundo mejor, digno de ser habitado. La tenemos también por todos aquellos a los que les ha sido negada esta oportunidad. La tenemos por todos aquellos niños a los que les viene quitada la dignidad en el abuso sexual, en el abuso en el trabajo, a los cuales les ha sido negada la "casa", el calor de aquella "chimenea". La tenemos ante todo por nosotros mismos que gozamos del derecho de vivir una vida bella, rica, caliente y no podemos contentarnos con menos. Cierto, es un sueño pero "Dichosos aquellos que sueñan porque correrán el dulce riesgo de ver realizados sus sueños".   

Si quieres puedes escribir a R. F. pinchando en el dibujo.