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En otro "Doble Click" hemos
hablado de lo importante que es en una relación
hacerse cercano a la persona que queremos encontrar: se trata de
"hacerse prójimo". Aunque puede que nosotros nos acerquemos, pero que el
otro no. Para que la cercanía sea recíproca es importante una gran
cualidad del amor: la acogida.
¿Cómo se expresa la acogida hacia el otro?
Puede haber comportamientos exteriores que ayudan o, al contrario,
impiden la acogida. Sin embargo, estos comportamientos siempre deben
surgir de una fuerza interior, pues en caso contrario el otro se entera
que se trata de algo fingido e instrumental, un favor hecho por
obligación o peor por una "zalamería", para quedar bien o lograr algo.
Para que los comportamientos externos sean lo más auténticos posibles,
y no "forzados" el Evangelio nos sugiere un pequeño truco que es
formidable: ver a Jesús en todos.
Jesús lo ha dicho: "Todo lo que hagáis al más pequeño a mi me lo
hacéis". Jesús está realmente presente en el corazón de cada
hombre, lo sepa o no lo sepa , sea que nosotros lo juzguemos como bueno
o como malo. Si nos acercamos al otro viendo a Jesús presente, si nos
acordamos de cuanto nos amó en la cruz, resulta más fácil ser
acogedores, porque respondemos al amor que Él nos da en aquel prójimo
que encontramos. Y nuestro gesto nace en nosotros con mayor
autenticidad.
Para ser acogedores hacia el otro hay que
partir de algunos comportamientos pequeños pero importantes: sonreír,
mirar al otro a la cara, si no a los ojos, acercarse incluso físicamente
al otro, tener de salida una posición "abierta" tanto de brazos
como de
manos (si me acerco con los brazos cruzados, sin ademán de abrirlas,
ciertamente no pondré cómodo a quien tenga por delante), un apretón de
mano decidido, pero no excesivo (sería señal de intrusión), tener un
matiz de voz abierto y caluroso.
Sin embargo la manera con que más
manifestamos nuestra acogida es la capacidad de escuchar.
Punto fundamental: ¿sabemos escuchar?
Si nos fijamos en como hablamos entre nosotros (yo o cualquiera de
vosotros), como se cotillea o se comenta con el vecino, como se juega
con el móvil, como interrumpimos al otro que está hablando, tengo mis
dudas. Sin el silencio, sin mirar al otro que nos habla, ¿cómo puedo dar
a entender al otro que lo escucho y lo acojo? No basta que yo me
esfuerce en amar: no sirve de mucho si el otro no se entera. Un amor que
no llega a su destino no es amor.
No hay que dar como supuesto que sepamos
escuchar. Hay 3 niveles de escucha:
Escucha fingida:
Es un escucha "a ratos", en
medio de distracciones, fantasías; en todo caso fiándonos de nuestra
intuición, que con demasiada prisa coge lo "importante", descuidando lo
menos importante. Es una escucha pasiva, sin reacciones, aceptada
sólo como una oportunidad de poder hablar.
Escucha lógica:
Nos sentimos satisfechos cuando escuchamos aplicando un eficaz
control del significado lógico de lo que se nos dice. La atención se
concentra en el contenido de lo que se nos dice, mientras el otro puede
tener la convicción equivocada que ha sido comprendido
Escucha activa empática:
Nos ponemos en la situación de "escucha
eficaz" intentando situarnos "en el lugar del otro", intentando
descubrir el punto de vista de quien tenemos por delante, descubriendo,
en cuanto humanamente posible, las sensaciones que manifiesta. Atención: en
esta modalidad se excluye el juicio, y también el consejo y la
tensión de "implicarse" para resolver el problema". Si estamos
demasiado concentrados en dar consejos no se percibe lo que de verdad el
otro necesita, y el consejo resultará pegado con alfileres.
Para lograr este tipo de escucha hay que
activar una postura interior que se llama empatía. La empatía es
focalizar el mundo interior de quien tengo delante, es la capacidad de
intuir lo que le agita, como se percibe en una situación y lo que
realmente siente, más allá de lo que dicen sus palabras. Es la capacidad
de leer entre líneas, de captar los indicadores de las emociones, de
recibir las señales no verbales que indican un estado de ánimo e intuir
qué valor tiene para el otro esa situación, sin dejarse guiar por los
esquemas mentales propios.
La
comprensión empática es distinta de la intelectual.
En efecto la comprensión intelectual se concentra en hechos, indaga como
realmente ocurren las cosas y reconstruye la dinámica exacta de lo
ocurrido. La comprensión empática es más sutil y compleja que la
intelectual y precisa mayor sensibilidad.
Lo componentes de la empatía son:
silencio, transparencia, comprensión empática y aceptación sin
condiciones.
Silencio: Es la "condicio
sine qua non" para poder escuchar. Sin el silencio la escucha es una
empresa sin esperanza. Fundamentalmente no se trata de un silencio
exterior, sino de una dimensión interior, donde los pensamientos propios
se callan, los sentimientos propios se desplazan, igual que las propias
preocupaciones, los esquemas propios, la cultura propia y la experiencia
propia. Esto no significa renegarlas, sino ponerlas en un paréntesis,
como en stand by. En caso contrario todos estos elementos dentro de
nosotros causarían un tal estruendo que resultaría imposible acoger
cuanto el otro non relata: quedaría de tal manera filtrado, que sólo nos
llegaría algún retal incomprensible.
Transparencia:
es la concordancia entre los sentimientos manifestados y los realmente
experimentados.
Si el otro percibe
transparencia, se abre con confianza, en caso contrario se cierra
definitivamente.
Transparencia no significa descubrir de forma impulsiva todos los
sentimientos, sino no fingir un sentimiento, cuando realmente se siente
otro, porque el interlocutor notaría la disonancia.
Comprensión empática: consiste en
meterse en la piel del otro para comprender sus puntos de vista, sin asumirlos
como propios, sino manteniendo el control: un enfermero que se pusiera
en la situación del enfermo dejándose dominar por el dolor de sus
sufrimientos dejaría al enfermo más hundido, en vez que proporcionarle
alivio.
Aceptación incondicionada:
consiste en abstenerse de evaluaciones, aprobaciones o no aprobaciones,
y en correcciones. La comprensión empática implica la suspensión de las
valoraciones sobre los sentimientos manifestados por el interlocutor.
Puedo no estar de acuerdo, no lo debo ocultar, pero no lo impongo. La no
imposición a menudo anima al otro a preguntar mis motivos y a aceptarlos
como ayuda.
Todo esto no sería otra cosa que
el comportamiento de Jesús con los hombres: Él, por primero, ha tenido
con nosotros una relación empática.
Bajó del Paraíso, se puso a nuestro
nivel, nos ha mirado a los ojos, ha vivido nuestra situación, ha usado
de nuestras palabras para confiarnos su realidad más íntima, ha escuchado
nuestros dramas, tomándolos como suyos, hasta gritar en la cruz todos
los dolores del mundo, encerrándolos en una invocación desesperada al
Padre: "Dios mío ¿por qué me has abandonado?". Y esto para que todos,
también quien se encuentra alejado de Dios o sin Dios se sienta acogido
y no juzgado. Se ha hecho uno de nosotros: se ha hecho "el otro".
Esto
significa acoger, de aquí nace el amor: de volverse el otro, como ha
hecho Jesús.
Vivir la Misa con esta conciencia nos hace verdaderamente
capaces de amar. |