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De la
"Vida de
Jerónimo
Emiliani":
… a menudo lloraba, a menudo se ponía a los pies del Crucifijo y
lo invocaba que le fuera Salvador, no juez.”
Jerónimo reconoce el don de Dios, el Hijo, y lo reconoce
crucificado. Lo descubre como don y como salvador. Es esto un
testimonio vivo de como Jerónimo entendía a Jesús crucificado.
Para él era el Salvador, aquel que había usado toda su vida por
los suyos, aquel que está dispuesto a perder todo por amor a los
suyos. Aquel que no juzga a los suyos, al contrario reconoce sus
pecados y errores, los hace suyos, los pone sobre sus hombros y
los quema en el amor de la Trinidad. Los consume en el vacío de su
amor, de la entrega que hay entre Él y el Padre con el Espíritu
como eterno lazo de unión.
Pistas
para nuestra vida:
Que esta frase se vuelva nuestra oración diaria, no tanto una
formulita de repetición diaria, sino un verdadero sentimiento de
amor hacia Quien nos ha salvado. Pongámonos a menudo delante del
Crucifijo, y empecemos a invocarlo como nos enseña Jerónimo, para
luego dar rienda a nuestros pensamientos y dejar hablar nuestro
corazón, que seguramente sabrá qué hay que decir a quien se ama
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