Mundo Jóvenes

   
   

La  Coordenación General Jóvenes ha realizado un subsidio con vista a la JMJ 2005 de Colonia en el espíritu de S. Jerónimo. Para descargarlo, pulsa aquí 

 
 
 
 
    
  

¿Qué sentido tiene participar en la JMJ como Somascos?


Ciertamente el primer aliciente es el de encontrarnos entre aquellos que han vivido juntos momentos de encuentro o de oración muy intensos, incluso implicando a otros. Pero también es verdad que el espíritu de la JMJ está muy relacionado con Jerónimo Emiliani y por tanto también con los Somascos y con quienes están en relación con ellos.

Además de confrontarse con la carta con la cual el Papa invita a Colonia 2005 (por este motivo remitimos al subsidio que puedes descargar clicando aquí, donde es posible redescubrir el camino y las decisiones fundamentales de la vida de San Jerónimo) basta fijarse en aquello que ha hecho nacer las JMJ. Descubriremos paralelismos interesantes en los cuales la JMJ puede iluminar algunas peculiaridades de San Jerónimo y en los cuales podemos, con nuestra presencia, contribuir específicamente.

En efecto la historia de las JMJ ha nacido en torno a la entrega de la Cruz que el Papa dio a los jóvenes en el Año Santo de la Redención hace 20 años. Siguiendo aquella Cruz cada año los jóvenes creyentes se han dado cita. Éste es un motivo especial para quien se inspira en San Jerónimo que dejó dicho en su testamento: "Seguid el camino del Crucificado". Es allí, en la contemplación del amor que Jesús nos tiene, capaz de pagar en persona, que encuentra el sentido y la medida nuestra vida y nuestro compromiso de cristianos junto a Jerónimo.

En segundo lugar el Papa en cada JMJ reta a los jóvenes proponiéndoles una ambiciosa meta: ser santos. Ambición que nos hace mirar a los valores del Evangelio subrayados por San Jerónimo como un camino actual para nosotros hoy.

Cómo vivir esta experiencia.

Si la JMJ nos enriquece al menos en estos dos ámbitos, a estos dos estamos llamados a dar una aportación especial. ¿Cómo? Viviendo bien nuestra experiencia como "grupo". Deberemos poder presentarnos no como una comitiva sino como una "familia". Porque si había realmente algo que quería hacer San Jerónimo eso era el construir una familia: con sus compañeros, con sus amigos, con sus muchachos. Por eso es importante dar relevancia y significado a las ocasiones de encuentro que precederán al evento de Colonia: conocerse para poder estimarse, para poder comenzar la JMJ con un aire de familia.

Y esto subrayando algunos valores que para nosotros son importantes:

La pobreza. Jerónimo le daba mucha importancia y la expresaba con decisiones heroicas. En la JMJ no habrá comodidades, muchas cosas se reducirán a lo esencial, se dormirá en el suelo... El espíritu de adaptación será nuestro modo de expresar el estilo de pobreza de San Jerónimo. También así resaltaremos el espíritu penitencial de ponerse frente a la Cruz, fundamento de cada JMJ. En este sentido Jerónimo tiene palabras fuertes: hablaba de "que se hagan dignos de hacer penitencia". A nosotros esa palabra nos tira hacia atrás y hacemos mal porque perdemos una dimensión importante del amor. Se entiende que amas a una persona o a una realidad en la medida en que estás dispuesto a comprometerte y a pagar por ella: si estás dispuesto a poco, significará poco para ti.

La atención al último. Los últimos para Jerónimo son aquellos que "mejor le representaban a Cristo". Nosotros no lograremos crear un clima de familia si no tenemos también esta dimensión en el corazón. Los "últimos" son ante todo aquellos que pertenecen a la familia. Jerónimo, antes de dedicarse a los demás, ha colocado a sus sobrinos huérfanos tras la muerte de sus hermanos. Se trata de enfocar la mirada para entender y sostener a quien en nuestro grupo tiene necesidad: tiene sed y yo tengo una cantimplora; tiene frío y yo tengo una manta; está cansado y yo lo animo; está solo y yo dando el primer paso me dirijo hacia él para hacerle compañía... Entonces nuestros ojos aprenderán a reconocer a los últimos sin que "te cierres a (los de) tu propia carne" como dice Isaías en la lectura que viene proclamada en la misa de San Jerónimo.

La Iglesia. San Jerónimo rezaba cada día por la renovación de la Iglesia, tenía amigos y colaboradores entre los Teatinos, Capuchinos, clero diocesano, obispos... Vivía en la Iglesia y para la Iglesia. La JMJ es una gran oportunidad para sumergirse en esta dimensión de la Iglesia. Se tratará de no sentirnos el centro del universo sino de descubrirnos hermanos en comunión con otras realidades diversas de la nuestra, con experiencias peculiares que son complementarias y subsidiarias a la nuestra.  Dar lo nuestro y acoger lo diverso debe ser el movimiento de reciprocidad que da color a la relación de con quien nos encontraremos. El punto de partida será siempre el de acoger: mirar como una riqueza a valorizar y resaltar lo que los otros son y viven. Será después el otro que, sintiéndose acogido querrá conocer nuestra realidad. Contribuiremos así a conseguir el clima que debería primar en cada JMJ y en cada experiencia eclesial: la comunión y la fiesta del encuentro.