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LOS DESAFÍOS DE HOY
I
– EL PAPA
"El
panorama de la pobreza puede extenderse indefinidamente, si a
las antiguas añadimos las nuevas pobrezas, que afectan a menudo
a am-bientes y grupos no carentes de recursos económicos, pero
expuestos a la desesperación del sin sentido, a la insidia de la
droga, al abandono en la edad avanzada o en la enfermedad, a la
marginación o a la discri-minación social. El cristiano, que se
asoma a este panorama, debe aprender a hacer su acto de fe en
Cristo interpretando el llamamiento que él dirige desde este
mundo de la pobreza. Se trata de continuar una tradición de
caridad que ya ha tenido muchísimas manifestaciones en los dos
milenios pasados, pero que hoy quizás requiere mayor
creatividad. Es la hora de una nueva «imaginación de la
caridad», que promueva no tanto y no sólo la eficacia de las
ayudas prestadas, sino la capacidad de hacerse cercanos y
solidarios con quien sufre, para que el gesto de ayuda sea
sentido no como limosna humillante, sino como un compartir
fraterno.
Por
eso tenemos que actuar de tal manera que los pobres, en cada
comunidad cristiana, se sientan como «en su casa». ¿No
sería este estilo la más grande y eficaz presentación de la
buena nueva del Reino? Sin esta forma de evangelización, llevada
a cabo mediante la caridad y el testimonio de la pobreza
cristiana, el anuncio del Evangelio, aun siendo la primera
caridad, corre el riesgo de ser incomprendido o de ahogarse en
el mar de palabras al que la actual sociedad de la comunicación
nos somete cada día. La caridad de las obras corrobora la
caridad de las palabras».
(NMI n. 50).
«
Obviamente todo esto tiene que realizarse con un estilo
específicamen-te cristiano: deben ser sobre todo los laicos,
en virtud de su propia vocación, quienes se hagan presentes en
estas tareas, sin ceder nunca a la tentación de reducir las
comunidades cristianas a agencias sociales». (NMI n.52).
II
– S. JERÓNIMO
El
Papa habla de un estilo propiamente cristiano en las
intervenciones caritativas en el campo social, indicando dos
peligros:
-
volverse agencias sociales,
-
quedarse en un mar de palabras, sin hechos.
Y
nos propone dos aspectos positivos, poner en práctica la “la
imaginación de la caridad” :
Fantasía y testimonio de vida: dos características de Jerónimo.
Resalen unas intervenciones muy delicadas y a la vez poco
conocidas. Nos lo dice el obispo de Bérgamo, Mons. Pedro
Lippomano en una carta que escribe a sus fieles, (pulsar
aquí) Escribía:
“Gran admiración crea en todos el ver la inmensa caridad de
este hombre honesto, crecido en medio a las riquezas, y que
ahora con sus propias manos, cura todas las llagas más
repugnantes de los enfermos, llamando a los pecadores más
renegados a la vía del Señor, como hemos visto en estos días con
algunas mujeres públicas, que abandonada la vida pública que
llevaban, han sido acogidas en una casa, donde les invita hacer
penitencia.”
A
estas mujeres que aceptan de cambiar de vida ( eran unas
treinta) Jerónimo propone cambiar el nombre como signo de nueva
vida. Había encontrado para ellas una casa, confiándola a
mujeres nobles. Siguiendo sus enseñanzas, viendo el testimonia
de su vida, en esta casa se instaura un clima de austeridad y
fraternidad tal que todos aquellos que entraban quedaban
admirados y tenían la impresión de encontrarse en un convento de
monjas.
Tenemos también el testimonio del Obispo Luis Lippomano, sobrino
de Pedro Lippomano su sucesoe en la diócesis.
Cuando en 1538 el Lipppomano, pública el catecismo titulado
“La exposición vulgar del Símbolo”, lo dedico a las
“venerables hermanas convertidas de Bérgamo”. En el prefacio
decía “ He aprendido de vosotras a ser un buen cristiano, amar a
Dios con todo el corazón, con toda el alma, y con todas las
fuerzas, porque os veo a vosotras tan convencidas de amar a
Dios, que con el espíritu vivís ya en el cielo. De vosotras
aprendo el amor al prójimo, porque sois un corazón un alma,
un solo querer y no existe ninguna discordia. Aprendo la
fuerza, cuando veo que resistís las tentaciones del mundo, del
diablo y de la carne y cada día sois más perfectas como es el
oro en el crisol…
“
Aprendo la paciencia cuando observo vuestra tolerancia si os
falta lo necesario, cuando tenéis poco de comer y cuanto más
sufrís más amáis a Dios y os gloriáis de vuestra pobreza.
Aprendo a rezar cuando siento que vosotras estáis continuamente
en contemplación con Dios y las cosas celestes, que casi no
pasáis media hora sin arrodillaros para rezar. Aprendo a
convertirme a Dios cuando os contemplo que habéis olvidado las
cosas pasadas y corréis siempre ardientes para tomar parte del
premio que se da a aquellos que tiran el mundo bajo sus pies”.
Creo que es suficiente este testimonio de un obispo para
entender lo importante que es el encuentro con un santo laico.
III – NOSOTROS
Quisiera subrayar una frase del obispo: “Sois un corazón
solo y un alma sola”. Es la llamada de la primera comunidad
de Jerusalén que Jerónimo tenía siempre delante, que había
presentado a esas mujeres como él sabía hacer.
Jesús nos ha dicho: “Donde dos o tres están reunidos en mi
nombre (en el amor) yo estoy en medio de ellos”. Jerónimo había
experimentado en S. Roque la verdad de esta promesa de Jesús y
sabía que solo en esa presencia esta el buen resultado de cada
apostolado.
Escribía: “ Si la Compañía esta con Cristo se obtendrá el
intento sino todo será perdido “ y Cristo se hace presente donde
esta el amor y es así que se realiza esta “comunión-don” que es
la vida trinitaria encarnada en una comunidad; de otro modo
TODO es vano y volvemos a ser como decía S. Pablo “ campanas
que suenan”. |