S. Jerónimo

de Félix Beneo

   

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Jerónimo:
un hombre que sigue encantando.
 
 
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LOS DESAFÍOS DE HOY

I – EL PAPA

"El panorama de la pobreza puede extenderse indefinidamente, si a las antiguas añadimos las nuevas pobrezas, que afectan a menudo a am-bientes y grupos no carentes de recursos económicos, pero expuestos a la desesperación del sin sentido, a la insidia de la droga, al abandono en la edad avanzada o en la enfermedad, a la marginación o a la discri-minación social. El cristiano, que se asoma a este panorama, debe aprender a hacer su acto de fe en Cristo interpretando el llamamiento que él dirige desde este mundo de la pobreza. Se trata de continuar una tradición de caridad que ya ha tenido muchísimas manifestaciones en los dos milenios pasados, pero que hoy quizás requiere mayor creatividad. Es la hora de una nueva «imaginación de la caridad», que promueva no tanto y no sólo la eficacia de las ayudas prestadas, sino la capacidad de hacerse cercanos y solidarios con quien sufre, para que el gesto de ayuda sea sentido no como limosna humillante, sino como un compartir fraterno.

Por eso tenemos que actuar de tal manera que los pobres, en cada comunidad cristiana, se sientan como «en su casa». ¿No sería este estilo la más grande y eficaz presentación de la buena nueva del Reino? Sin esta forma de evangelización, llevada a cabo mediante la caridad y el testimonio de la pobreza cristiana, el anuncio del Evangelio, aun siendo la primera caridad, corre el riesgo de ser incomprendido o de ahogarse en el mar de palabras al que la actual sociedad de la comunicación nos somete cada día. La caridad de las obras corrobora la caridad de las palabras». (NMI n. 50).

 « Obviamente todo esto tiene que realizarse con un estilo específicamen-te cristiano: deben ser sobre todo los laicos, en virtud de su propia vocación, quienes se hagan presentes en estas tareas, sin ceder nunca a la tentación de reducir las comunidades cristianas a agencias sociales». (NMI n.52).

II – S. JERÓNIMO

 El Papa habla de un estilo propiamente cristiano en las intervenciones caritativas en el campo social, indicando dos peligros:

  • volverse agencias sociales,

  • quedarse en un mar de palabras, sin hechos.

 Y nos propone dos aspectos positivos, poner en práctica la  “la imaginación de la caridad” :

  •  Hacer que los pobres se sientan en su casa

  • Ofreciendo el testimonio como una vida evangélica.

 Fantasía y testimonio de vida: dos características de Jerónimo. Resalen unas intervenciones muy delicadas y a la vez poco conocidas. Nos lo dice el obispo de Bérgamo, Mons. Pedro Lippomano en una carta que escribe a sus fieles, (pulsar aquí) Escribía:

 “Gran admiración crea en todos el ver la inmensa caridad de este hombre honesto, crecido en medio a las riquezas, y que ahora con sus propias manos, cura todas las llagas más repugnantes de los enfermos, llamando a los pecadores más renegados a la vía del Señor, como hemos visto en estos días con algunas mujeres públicas, que abandonada la vida pública que llevaban, han sido acogidas en una casa, donde les invita hacer penitencia.”

 A estas mujeres que aceptan de cambiar de vida ( eran unas treinta) Jerónimo propone cambiar el nombre como signo de nueva vida. Había encontrado para ellas una casa, confiándola a mujeres nobles. Siguiendo sus enseñanzas, viendo el testimonia de su vida, en esta casa se instaura un clima de austeridad y fraternidad tal que todos aquellos que entraban quedaban admirados y tenían la impresión de encontrarse en un convento de monjas.

Tenemos también el testimonio del Obispo Luis Lippomano, sobrino de Pedro Lippomano su sucesoe en la diócesis.

Cuando en 1538 el Lipppomano, pública el catecismo titulado “La exposición vulgar del Símbolo”, lo dedico a las “venerables hermanas convertidas de Bérgamo”. En el prefacio decía “ He aprendido de vosotras a ser un buen cristiano, amar a Dios con todo el corazón, con toda el alma, y con todas las fuerzas, porque os veo a vosotras tan convencidas de amar a Dios, que con el espíritu vivís ya en el cielo. De vosotras aprendo el amor al prójimo, porque sois un corazón un alma, un solo querer y no existe ninguna discordia. Aprendo la fuerza, cuando veo que resistís las tentaciones del mundo, del diablo y de la carne y cada día sois más perfectas como es el oro en el crisol…

 “ Aprendo la paciencia cuando observo vuestra tolerancia si os falta lo necesario, cuando tenéis poco de comer  y cuanto más sufrís más amáis a Dios  y os gloriáis de vuestra pobreza. Aprendo a rezar cuando siento que vosotras estáis continuamente en contemplación con Dios y las cosas celestes, que casi no pasáis media hora sin arrodillaros para rezar. Aprendo a convertirme a Dios cuando os contemplo que habéis olvidado las cosas pasadas y corréis siempre ardientes para tomar parte del premio que se da a aquellos que tiran el mundo bajo sus pies”.

 Creo que es suficiente este testimonio de un obispo para entender lo importante que es el encuentro con un santo laico. 

III – NOSOTROS

 Quisiera subrayar una frase del obispo: “Sois un corazón solo y un alma sola”. Es la llamada de la primera comunidad de Jerusalén que Jerónimo tenía siempre delante, que había presentado a esas mujeres como él sabía hacer.

Jesús nos ha dicho: “Donde dos o tres están reunidos en mi nombre (en el amor) yo estoy en medio de ellos”. Jerónimo había experimentado en S. Roque la verdad de esta promesa de Jesús y sabía que solo en esa presencia esta el buen resultado de cada apostolado.

 Escribía: “ Si la Compañía esta con Cristo se obtendrá el intento sino todo será perdido “ y Cristo se hace presente donde esta el amor y es así que se realiza esta “comunión-don” que es la vida trinitaria encarnada en una comunidad;  de otro modo TODO es vano y volvemos a ser como decía S. Pablo “ campanas que suenan”.

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