El
Card. Lucas Moreira Neves, prefecto de la Congregación de los obispos,
presidió la fiesta de S. Jerónimo en Somasca el 8 de febrero de 2000. En su
homilía presentó una particular visión de Jerónimo que ilumina un modo somasco de
celebrar el jubileo.
HOMILÍA EN LA FIESTA DE
SAN JERÓNIMO EMILIANI
Somasca, 8
de febrero de 2000
Reverendísimo Padre Superior General, Reverendos Padres Provinciales,
estimadas autoridades civiles y militares,
Padre Superior y Comunidad de Somasca, queridos
Novicios,
queridas hermanas Ursulinas de San Jerónimo, Hijas de Catalina
Cittadini, en cuya tumba ayer estuve rezando, sabiendo que no está lejos
el día de su Beatificación.
Hermanos y hermanas de Somasca y peregrinos.
1. Estamos
profundamente agradecidos a la adorable y amable Providencia de Dios que
nos concede -en estos lugares santificados por la presencia. el testimonio
de vida y de la muerte santa de Jerónimo Emiiani- la gracia de
celebrar su fiesta litúrgica. Lo hacemos, vosotros y yo, durante el
desarrollo del Jubileo, recordando los dos mil años de la Encarnación del
Verbo, y estamos agradecidos al Santo Padre que, por medio de la
Penitenciaría Apostólica, ha querido que la visita a Somasca y la subida a
la Escalera del Santo también fueran ocasión para ganar la Indulgencia
Plenaria. De esta forma se entrelazan perfectamente nuestra devoción a san
Jerónimo, con su mensaje fuerte y atrayente de caridad y compasión, y el año Santo que, por
voluntad de Juan Pablo II, debe llevarnos a sentimientos de penitencia y
de conversión interior, y a peregrinar y traspasar las Puertas Santas;
aunque en primer lugar tiene que crear en nosotros el espíritu de
justicia, solidaridad y caridad fraternal. En efecto, la novedad de la
bula "Incarnationis Mysterium" reside en la fuerza con que afirma que para
"ganar" la indulgencia del Año Santo, más que la visita a una
basílica
vale la visita a un anciano o a un enfermo, a un pobre o a un
encarcelado.
¿No es esta también la lección que nos da San Jerónimo?
Las tres lecturas bíblicas que hemos escuchado en la liturgia de la
Palabra iluminan con luz fascinante y radiante la figura de Jerónimo
Emiliani (o Miani). En el inolvidable cap. 58 de Isaías, precursor del
cap. 25 del Evangelio de Mateo, hemos oído las palabras llenas de fuerza
del Profeta: "Comparte tu pan con el hambriento, alberga a los pobres sin
techo, proporciona vestido abre al desnudo...", con la correspondiente
promesa: "Entonces se levantará tu voz luz como la aurora... entonces
brillará tu luz en las tinieblas... entonces serás como un huerto regado
por aguas frescas...". Luego en el Evangelio de Mateo (cap.19), la
bellísima página en que Jesús grita "Dejad que los niños vengan a mi". Y a
continuación da al joven interlocutor del Evangelio dos consignas: el
precepto del amor, como mandamiento nuevo y primordial, y la condición
para la perfección cristiana y para seguir a Cristo: "vende lo que tienes y
dáselo a los pobres". En la carta a los Efesios, Pablo los invita a
ser templo de Cristo por la FE, radicados en la caridad, llenos de Dios,
testigos de lo ancho, largo y alto y profundo del amor de Cristo. Nunca
pudiéramos encontrar un perfil tan luminoso de Jerónimo.
2. Nacido en Venecia en el año 1486, noble pero no rico, bien pronto
tiene una experiencia que le marcará para toda la vida: a los diez años es
huérfano de padre. La adolescencia no es tiempo de perdición, pero sí de
varios placeres vacíos e inútiles. No se le escapa -herencia del padre- la
atracción del poder, de los honores, del prestigio social y del dominio;
lo de ser regente y senador le satisface. También que de la violencia de
la batalla de Cambrai, campo de destrucción y muerte, salga vivo pero
prisionero. Sale milagrosamente libre de las cadenas y del cepo, pero la
cruel experiencia de la cárcel es para él ahora de Dios: de ahí sale el
hombre nuevo. Un hecho doloroso -la muerte del hermano Lucas- lo pone
nuevamente en contacto con la situación de orfandad, esta vez en los
sobrinos.
Para ello se trasforma en padre solícito, tierno y fuerte, educador
providencial y auténtico.
Dejando la carrera política se transforma
en Mercader, empresario en el campo de la lana. Pero pronto, la peste del
año 1528 con sus secuelas de miseria, de miedo y de luto, después de
haberlo herido pero no de muerte, lo guía desde el cuidado de los
huérfanos de su casa a la visión de muchos otros huérfanos. Empieza
entonces el período más denso de su vida, marcada por un verdadero
carisma: entrega total a los necesitados, a los enfermos del hospital de
Venecia y sobre todo a los huérfanos y a los niños
abandonados: los busca, los reúne, les enseña el catecismo, los inicia en
los secretos del arte de la lana y de otras profesiones, los educa en la
oración y en la comunión con Dios. Venecia es el teatro de una labor
infatigable que se prolonga a Verona, a Lecco, a Brescia, a san Martín ...
desde luego a Venecia, y por fin en Somasca, a donde llega en la
mejor edad, algo menos de cincuenta años, pero marcado por el
trabajo, los ayunos, las vigilias de oración, el servicio a los pequeños y
a los pobres. Allí, en una habitación, no suya, sino prestada por unos amigos
fieles, vive la última etapa de su vida mortal y cierra los ojos al
panorama de las montañas, del lago y del Castillo, para abrirlos a la
mirada radiante de Dios.
3. La iglesia recoge su inspiración en la estela de la Compañía del
Divino Amor, del operado de Cayetano de Thiene, del cardenal Carafa y de
tantos otros hombres, Ignacio de Loyola, Antonio María Zacarías, Francisco
Caracciolo y otros, un poco antes y un poco después que ellos. Y, algunos
años después de la muerte de jerónimo, la iglesia misma concede a sus
compañeros un nuevo status: los reconoce como una nueva Orden de Clérigos
Regulares. Será el Santo Padre dominico Pio V a aprobar las reglas
del instituto que, a través de muchos eventos felices o dolorosos de la
historia es, pasados ya casi 500 años, la continuación del carisma de san
Jerónimo, la permanencia de su ardiente opción por los pobres y
desamparados, especialmente los huérfanos y los niños abandonados de los
cuales, en el año 1928, el Papa lo declara patrono celestial.
4. Para terminar, vuelve a mi mente, fuerte y luminoso, un aspecto de
la vida y de la espiritualidad de este noble caballero veneciano. No podía
faltar el semblante de una mujer admirable y predilecta entre todas. Esta
mujer incomparable para él ha sido la dulce virgen María. En la vida de
Jerónimo María lo es todo, pero antes que nada es liberadora: lo libera
de una juventud despreocupada y sin metas para liberar lo tiene el
descubrimiento y cumplimiento de un precio ideal; lo libera físicamente de
la prisión y él le ofrece las esposas y las cadenas de hierro para
volverse libremente esclavo suyo para siempre; lo libera, más tarde, de
la enfermedad para que pueda servir mejor al Señor; lo libera finalmente
de sí mismo y de sus proyectos más queridos para enamorarlo poco a poco
solamente de la voluntad de Dios mucho más amada que sus huérfanos... .
5. Mis últimas palabras quieren ser un agradecimiento sincero.
Agradecimiento al Superior General y su Consejo que, por medio del
padre Amigoni, me ha invitado a esta fiesta: el hecho de ser cardenal
titular de san Alejo en el Aventino ha creado un vínculo de amistad con
los Padres Somascos y a esto debo el encontrarme aquí hoy. Doy las gracias
a la comunidad religiosa de Somasca que me ha brindado una acogida tan
hospitalaria y calurosa.
Os agradezco a vosotros, queridos hermanos y hermanas, que me permita
antes de hundirme gozosamente a vosotros en este acto de gratitud a la
Trinidad santísima por haber escogido, predestinado, llamado, santificado
y glorificado a Jerónimo Emiliani, a este acto que es también de profunda
y confiada devoción a nuestro santo.
Amén.
+ Lucas Cardenal Moreira Neves
Prefecto de la Congregación de los Obispos