En
este momento histórico cada uno de nosotros es llamado a
actualizar estas palabras.
¿Y nosotros
dos? ¿Qué es para nosotros la paz? ¿Cómo la vivimos?
Reflexionamos
que ésta es fruto del amor y de la alegría.
El amor es un camino de sentido único
que va hacia el otro/a, que se recorre para el bien del
otro/a.
La alegría es el amor que sonríe y se
manifiesta.
La alegría se alcanza sólo desde la consciencia
de haber dado lo mejor de nosotros mismos, analizado ante
nuestra conciencia y a la luz de Dios.
La paz es el amor que construye y
vivifica. ¡Qué difícil es la paz en la familia! Porque la paz
no es sólo ausencia de "guerra": es compromiso constante para
construir, para crear equilibrios, para ayudar a completarse,
para dejar espacio al otro, para comprender eventuales
errores, para crecer juntos.
Señor, en un mundo
que no conoce el silencio
la espera,
el frágil estupor,
la felicidad de las pequeñas cosas,
haznos apreciar lo concreto de una caricia,
el pequeño gozo de un beso,
la calma de una palabra susurrada,
la complicidad de una frase
que hable de un celoso proyecto de futuro.
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